1. La reflexión antropológica sobre la gracia
Contenido
Primer tema del curso de Antropología Teológica III.
Introducción al tema de la Gracia
En antagonismo directo con la posibilidad del mal y la realidad del pecado, reflexionamos a continuación sobre la posibilidad de la salvación y la realidad de la gracia.
El ser humano necesita ser radicalmente renovado. Esa renovación es obra gratuita de Dios. Dios tiene la iniciativa de esa obra. El cristiano cree que el ser humano es pecador, pero a pesar de eso, es perfectible. Y por ello es importante entender el lenguaje de la Gracia.
Proceso narrativo del lenguaje de la Gracia
- En el inicio, el amor incondicional de Dios, perdonador y justificador.
- En el camino, el amor liberador de Dios, que coexiste y lucha con nosotros con ese otro amor que tan gráficamente llamamos “propio” y que esclaviza al ser humano. Dios libera de sí mismo y para los demás.
- En la meta, el amor transformador de Dios, que hace al ser humano hermano.
Fraternidad que llamamos «comunión de lo santo». Que es la imagen humana de la Trinidad Divina. Este proceso no es en absoluto evidente.
Toda la razón para la esperanza humana está fuera del ser humano. Dios nos amó cuando aún éramos pecadores (Rom 5,5. 8).
La iniciativa divina revelada en Jesucristo tiene unas características que vamos a exponer a continuación.
1.1. El don de Dios es Dios mismo
Característica
A. La renovación de lo humano es la potenciación hasta lo divino.
La gracia como divinización. La realidad como absoluto. Fuente cristológica: La novedad humana de Jesucristo, “segundo Adán”, es su divinidad. La vigencia de esa Humanidad Nueva para nosotros convierte nuestro ser humanos en un cambio de imagen.
Salir de la imagen de Adán y llegar a la de Cristo (cf. Col 3,10).
La Cristología plantea necesariamente la antropología del pecado y de la Gracia. La Cristología del ser Nuevo encuentra eco en la experiencia humana. Desde este punto de vista, la Gracia puede ser vista como la respuesta cristiana a la pregunta por ese “algo”.
Yo he dicho que sois dioses… aunque morís como seres humanos (Sal 81,6).
El destino del ser humano es su divinización. En suma, la potenciación de lo humano es, pues, una renovación de lo divino. El dador de ese don es Dios. La gracia es Dios mismo.
Dios mismo es quien obra en nosotros el querer y el obrar (Flp 2,13).
San Agustín descubre las siguientes afirmaciones en este texto de Pablo:
- Una iniciativa de Dios. “La voluntad humana es ayudada por Dios para ser buena”.
- Ese don es Dios mismo: el Espíritu Santo. Dios no es simplemente una cosa, sino Él mismo, en su Principio “relacionador” (1Jn 4,8).
El Espíritu es el principio de interiorización de lo divino en nosotros. Es el principio de una relación del ser humano con Dios y con los demás (cf. 1 Cor 12,3). El Espíritu es Dios también es don de Dios.
Conclusiones
La gracia no puede ser asimilada a una “cosa” u objeto, sino a una experiencia personal. Una relación personal de nosotros con Dios (una relación amorosa de respuesta). A través de esta forma de relación el Espíritu en nosotros no ama simplemente a Dios, sino a los seres humanos. En palabras del papa San León Magno: «Para que amemos no simplemente a Él, sino todo lo que Él ama». El amor a Dios es relacional, no es un amor posesivo aunque el ser humano cree apropiarse de Dios para despreciar a los demás (como le pasaba al fariseo con el publicano y al hermano mayor con el pródigo). El Espíritu Santo es filiación, fraternidad y comunión. Surge la caridad como principio epistemológico ¿De dónde nace el amor al prójimo? (cf. Mt 25,36-40).
1.2. ¿Qué significa Gracia?
¿Qué es la Gracia?
B. A esa renovación de lo humano, en el lenguaje cristiano se le llamó GRACIA.
Gracia y gratuidad: El sustantivo הֵן (hen) en hebrero significa gracia, favor. En griego χάρις (charis). La Gracia tiene que ver con lo gratuito y con la gratuidad. También tiene que ver con lo grato y gracioso.
Gratuito tiene carácter de don, que no brota de ningún derecho propio y que, por eso mismo, sólo puede ser recibido con actitud de agradecimiento (J. I. González Faus, 433).
Por tanto, la renovación del ser humano es algo recibido y que lleva a vivir la vida en actitud de agradecimiento. Gracia significa “belleza”. El bien atrae y seduce y nos hace ser gratos a los demás.
El amor es la belleza del alma (San Agustín).
Gracia también significa “humor”, sonrisa. Gracia tiene que ver con la estética y sonrisa. El ser humano posee una amabilidad, que esa amabilidad le es regalada y no puede más que agradecer. Por tanto, la vida puede convertirse en una alegría y sonrisa.
Conclusiones
Es el favor de Dios el que nos hace amables. En palabras de Gabriela Mistral “Me siento hermosa cuando tú me miras”.
La renovación del ser humano es un don de Dios que lleva a vivir la vida como un himno de acción de gracias. Pero que además comunica a la vida toda la belleza y toda la alegría que puede caberle en este mundo roto (J. I. González Faus, 434).
Agradecer, atraer y sonreír son gestos de sentirnos amados por Dios. La Gracia no es algo fabricado (o una cosa), sino que la Gracia es lo que deja al ser humano renovado.
Gracia: divinización y humanización
El ser humano es imagen de Dios (Gn 1,27). ¿Cómo pueden Dios y el ser humano, lo divino y lo humano, ser pensados simultáneamente? San Pablo habla de Jesús Hombre Nuevo como una forma de expresar su Divinidad (cf. Ef 4,20-24). Hay una vinculación existencial entre Antropología Teológica y Cristología. El ser nuevo no puede conseguirse sin una apertura al Misterio último. Un Misterio que es experimentado como «Acogida y Bondad», y cuya experiencia transforma al ser humano. Sin esta experiencia de la Gracia, el lenguaje de la creatura nueva se degrada en mil falsificaciones: en fariseísmos y represiones jerárquicas.
Tan humano solo Dios (Leonardo Boff).
En la medida que uno se hace más hombre, se hace más divino en Cristo, y al revés.
1.3. El carácter histórico de la Gracia
La historicidad de la Gracia
La Gracia nace en la historia y tiene forma de historia. (Von Rad).
La Gracia (Cristo) se encarnó en la historia.
La divinización como proceso de espiritualización que tiene lugar en el ser humano al margen de sus características concretas de tipo histórico y corporal. Como si el encuentro con Dios se produjese en un plano puramente intelectual, mental, interior.
No hay auténtica revelación de Dios sin encarnación. Muchas veces se ha desligado, viviendo al margen de la historia. O viviendo al margen de Dios.
Dualismo entre Gracia e historia
Aquí tiene mérito San Agustín que frente al dualismo griego se empeñó por «no dejar fuera de la vida de fe la vida de cada día de cada cristiano».
El dualismo es otra forma de olvidar que la historia está bañada por la Gracia.
La Gracia comenzó a ser concebida poco a poco, no como simple conocimiento místico, sino como praxis mística, como vida en el amor (J. I. González Faus: 444).
Si la Gracia fue concebida como Contemplación o Silencio, ahora puede ser concebida como libertad.
El peligro es el reduccionismo individualista de la Gracia.
Al separarse la Gracia de la historia, el cristiano occidental acentuó el anuncio de la Ley, no el del Evangelio.
Y cuando la Buena Noticia acentuó el moralismo, la Gracia perdió su sentido de gratuidad.
Gracia como posibilitadora de la transformación de la historia
Todo es Gracia (Teresa de Lisieux).
Todo está bañado por la Gracia, y, por eso, sigue abierta la posibilidad de una nueva esperanza y un nuevo comienzo.
La necesidad de transformación es el primer paso de la Gracia.
La acción de la Gracia nace como un anhelo liberador que se proyecta siempre hacia un horizonte de liberación total de plenitud definitiva.
También la Gracia se inserta en el proyecto humano pleno: el proyecto de filiación y fraternidad.
El Don de la Gracia es un proceso, una vida, incluso una lucha. Y hay que mantenerlo tanto a nivel de la historia personal como de la historia global.
Antiguo y Nuevo Testamento se centran en la mirada benevolente de Dios sobre el ser humano en la palabra pueblo y en la palabra Reino. Expresiones de un significado no sólo comunitario, sino además histórico.
Así, la experiencia de favor de Dios, en Israel, está vinculada a la historia. Asimismo, el fracaso del Crucificado es también un suceso de esa historia.
También el teólogo y la teóloga debe mantener abierta esa ambigüedad. Después de Auschwitz la historia se repite en Sudáfrica, Palestina, Guatemala, etc.
Surge la pregunta por la Gracia.
Diálogo por grupos
La Gracia tiene lugar en medio del mundo con todas sus consecuencias prácticas.
¿Cómo debe el ser humano buscar y vivir su propia humanidad?
¿En qué momentos y en qué procesos de transformación la persona experimenta que puede superar sus propios límites y abrirse a otra forma de entender la vida con otros/as?
Donde abunda el pecado sobreabunda la Gracia (Rom 5,20).
En ambas cosas reside su grandeza.
1.4. La universalidad de la Gracia como presupuesto fundamental de la Antropología Teológica
La universalidad de la Gracia
Dios ofrece su Gracia a todos los seres humanos, incluso a los que están fuera de la Iglesia, dentro de la historia y en unas vidas humanas que tienen su propia historia. Es decir, sus oportunidades y momentos de intensidad diversa (J. I. González Faus: 453).
La universalidad de la Gracia implica la universalidad de Cristo.
El problema de la predestinación
La Revelación tiene sus etapas, cada época formula sus verdades, y esas formulaciones señalan una comprensión de ese Dios revelado.
La predestinación es una doctrina cristiana basada en los textos de la Biblia, la cual afirma que Dios desde la eternidad determinó lo que quiere hacer con cada una de sus criaturas, ordenando a unas para la vida eterna y a otras para condenación perpetua, de acuerdo al fin y condición para el que fueron creadas.
Así, por ejemplo, el AT señala el señorío absoluto del Dios único. El ser humano del AT aún no comprende un señorío que sea creador de libertades, y por eso, necesita afirmar la venganza religiosa: «Dios endurece el corazón de los que quiere castigar…» (cf. Ex 7,3-4).
Sin embargo, Dios sigue salvando y liberando por pura gracia sin hacer por ello injusticia a los demás que merecen la condena (porque nadie puede exigir nada).
¿Vas a tener rencor porque soy bueno? (cf. Mt 20,1-16).
Aquí la bondad de Dios no consiste en sacar a unos cuantos de una totalidad maldita, sino en ir agregándolos a todos al grupo de los salvados.
Unas consecuencias amenzadoras
Dios desde toda la eternidad, ha decidido salvar a unos y no ha decidido salvar a otros.
Las consecuencias practicas de esta doctrina generan una angustia desesperada en unos y el abando de todo esfuerzo ético en otros.
¿Para qué luchar si al final se hará lo que Dios haya decidido?
El fatalismo y la angustia amenazan con sustituir el anuncio gratuito de la salvación.
Por tanto se acentúa el cristianismo del miedo y la religiosidad individualista.
Un problema de lenguaje sobre Dios
El problema de la predestinación tiene que ver con nuestro conocimiento y nuestro lenguaje sobre Dios. En palabras de Santo Tomás de Aquino «de Dios podemos saber lo que no es, pero no lo que es». En este sentido ningún logos sobre Dios puede absolutizarse, porque lo apresaría. La experiencia humana de la universalidad de la razón se acompaña aquí con otra experiencia de límite que también pertenece a ella.
La experiencia de la Gracia en las experiencias humanas
La propuesta de K. Rahner
´Lectura del texto de Karl Rahner “Sobre la experiencia de la Gracia”, Escritos de Teología, vol. III, Cristiandad, Madrid 2022, 97-100 y responde a las siguientes cuestiones:
1. ¿Qué opinas sobre las experiencias concretas que propone Rahner?
Sí que son una forma de descubrir la Gracia actuando en nosotros, con la ventaja de que son experiencias que se pueden vivir en el día a día.
Ahora bien, en todas estas experiencias hay una gradualidad. Es decir, en todas ellas podemos, en teoría, descubrir la Gracia, pero algunas son más claras que otras, por entrañar una mayor dificultad para nosotros.
Los santos son los que llevan estas experiencias al extremo y viven, en todo, del Espíritu.
Sí que puede haber progresión y gradualidad.
En el extremo, Teresita y Rafel.
2. ¿Por qué Rahner sitúa la experiencia de la Gracia en todo aquello que parece que niega al ser humano? ¿Qué tiene que ver con lo que dice Santo Tomás sobre nuestro lenguaje negativo sobre Dios?
Rahner sitúa la Gracia allí donde el ser humano, por sus propias fuerzas, no pueda llegar. No es algo que niegue al ser humano, necesariamente, sino aquello que lo perfecciona. Si la Gracia fuese solo el apoyo en aquello a lo que el ser humano puede llegar, por sus propios medios, nunca podríamos tener la certeza de su acción. En cambio, cuando actuamos «negándonos» —tal y como, en la condición presente, no podríamos actuar por nosotros mismos— es necesariamente la gracia la que actúa.
Santo Tomás dice, entre otras cosas, que de Dios solo «podemos saber lo que no es, pero no lo que es». Para conocer a Dios, debemos quitar primero
3. ¿Puedes proponer tú alguna experiencia de la Gracia que complete (puede ser también en un sentido positivo o en otros sentidos) a las propuestas por Rahner?
Tenemos una experiencia personal que es ejemplo de lo que propone Rahner. Nuestro formador tiene ELA, y estamos seguros de que su forma de llevar la enfermedad, especialmente en los momentos más críticos, es muestra de la Gracia, y no de la habilidad personal.
Nosotros, en nuestra dedicación diaria a él, también vemos lo mismo. Nuestra capacidad de cuidar es limitada (ni sabemos cómo se hace ni siempre tenemos la disposición o el deseo de hacerlo), pero es precisamente aceptando esa limitación e intentándolo —con ayuda del Espíritu— como podemos servirle con amor.
Conclusiones sobre la universalidad de la Gracia
La no universalidad de la Gracia destruye la fraternidad y el proyecto de Dios hermanador entre todos los seres humanos. Pensar la Gracia en términos más físicos (como un objeto que se posee) que personales conlleva a una pérdida del horizonte de la concepción de la Gracia como relación.